En el Ramón y Cajal volvieron a operarla dado el lamentable estado en que llegó. "Tenía una infección muy grande y sólo tenía dos opciones: o me operaba o perdía la pierna. Después de la intervención tenía el pie mucho más derecho que antes, pero seguía con el problema de que los dedos se me reventaban cada dos por tres y a esto no hacían ningún caso. Yo no entendía por qué no me dejaban en condiciones el pie de una vez. A esto siguieron otras operaciones, en las que me cortaban los tendones y los huesos de los dedos y en una de ellas me dejaron la falange atravesada, de tal forma que se me clava por ambos lados. Como yo seguía pidiendo explicaciones y exigiendo que me hiciesen un diagnóstico concreto de lo que tenía, me despidieron sin contemplaciones diciendo que sí quería que me operase y si no, allá yo. Esto fue el año pasado".

"¿CÓMO VOY A QUEDARME ASÍ?".

Viendo que en Ramón y Cajal tampoco daban con la solución a su problema y que incluso se negaban a hacerme revisiones periódicas, Mari fue a hablar directamente con Víctor Conde, subdirector del Ministerio de Sanidad. "Me costó mucho trabajo hacerle entender que yo lo único que quiero es que me hagan un estudio de la pierna, de arriba a abajo, y me digan si tengo solución, pero finalmente conseguí que me dieran otra cita en el Ramón y Cajal. Allí me hicieron radiografías en el pie y, tras reconocer que estaba muy mal y que me tenían que operar, me dieron una carta de recomendación para que me visitara en Barcelona el doctor Antonio Viladot Pericé, del hospital San Rafael, considerado una eminencia en el campo de la traumatología".

Pero las desdichas de esta cordobesa de 34 años de edad parecían condenadas a no tener fin. La cita era para el 17 de agosto, coincidiendo con un puente, y al llegar a Barcelona se encontró con que ese día había un médico suplente. "Me hizo cuatro radiografías y me dijo que no tenía cura ninguna. Yo le dije: ¿Pero cómo me voy a quedar con el pie reventado y chorreando sangre, a mi edad?. Además, yo he venido aquí a que me visite el doctor Viladot, no usted. Me costó una discusión, pero conseguí que me citaran para el mes de octubre, para asistir a una reunión que celebran periódicamente los médicos del San Rafael, para discutir los casos más difíciles y dictaminar si existe o no solución. Hasta aquí muy bien, pero yo me pregunto, ¿por qué me mandaron en el mes de agosto, con todo el gasto que me supuso, si sabían que no iba a estar el doctor Viladot?. Aparte de que si no llego a liar la que lié, no me hubiesen dado la cita".

Mari regresó a primeros de octubre a Barcelona con escepticismo, no quería hacerse ilusiones, pero sabía que ésa era su última oportunidad. "Había 14 o 15 médicos, pero todo fue tan rápido que apenas puede explicar lo que me pasaba, había muchos pacientes detrás de mí y no había tiempo suficiente. Me dijeron que volviese al cabo de dos días. El médico que me atendió me dijo que si me operaba podía quedar mejor, pero sin garantías de ninguna clase. Me sentí derrotada. Yo seguí insistiendo en que quería que me hiciesen un estudio completo de la pierna, pero me dijo que eso no se podía hacer. ¡Dios mío! ¿Cómo voy a meterme otra vez en el quirófano si cada vez que entro salgo peor?. Me han engañado en todos los sitios, ¿por qué voy a creerles a ellos? Ya no puedo más, ya no me queda ninguna esperanza. Si me meto en el quirófano, mal y si no, también. ¿Tú crees que puedo seguir así?".

"INTENTÉ SUICIDARME EN VARIAS OCASIONES".

Con el rostro lleno de lágrimas, Mari se levanta su larga falda negra y me muestra el aparato y el vendaje que debe llevar para poder moverse. "El aparato me lo puso el doctor Leiva, el único que me ha tratado de maravilla, porque la rodilla me falla y se me podrían romper los ligamentos, y el vendaje me lo tengo que poner porque, si no, me piso los dedos y se me revientan. También llevo algodones debajo de los dedos para impedir que éstos se tuerzan. Por cierto, que me mandaron unas pastillas que me costaron 10.000 pesetas y no me han servido para nada, imagínate lo horrible que es ir siempre con este vendaje, el aparato al menos no se ve si llevo las faldas largas, pero no puedo ponerme un zapato normal en el pie derecho y si tengo que ir a alguna fiesta o acto que requiera ir bien vestida, calcula cómo queda con esta zapatilla...".

El aspecto de su pierna, una vez que se ha quitado el aparato y el vendaje, es verdaderamente lamentable: totalmente deformada por tres cicatrices, hinchada y el pie retorcido como si de una garra se tratara. Pero a pesar de su desgracia, Mari irradia optimismo, fuerza y unas enormes ganas de vivir. "Aparte de las 15 operaciones que llevo y los dolores terribles que tengo que soportar continuamente, llevo una vida totalmente normal. Trabajo, salgo con mis amigos, voy a las discotecas y bailo como la que más. Algunos fines de semana vamos al campo y la primera que sube cerros y montañas soy yo. Imagínate si llego a encerrarme en mi casa y me como el coco, ¿cómo estaría ahora?".

Sin embargo, hubo una época en la que Mari estuvo a punto de poner fin a su vida, agobiada por los problemas físicos y familiares. "Sí, intenté suicidarme en varias ocasiones porque no sabía cómo salir de aquella situación, pero con la ayuda de una psicóloga y de mis amigas logré salir adelante y hoy es una etapa de mi vida totalmente superada. La lástima es que los médicos se acogen a eso para decir que soy una persona depresiva y, aunque ahora yo me encuentro perfectamente y con unas ganas de vivir increíbles, ellos lo utilizan para justificarse. Es una vergüenza".

"NO VOY A RENDIRME".

A su situación física, Mari tiene que añadir una situación económica que raya en la pobreza. "Como no tengo a nadie que me ayude -las relaciones con mi familia son frías y distantes- debo trabajar muy duramente para hacer frente a los numerosos gastos que tengo. Trabajo como asistenta fija en una casa y luego hago horas en otros sitios. Gano 40.000 pesetas y estoy en un piso de alquiler que me cuesta 27.000 pesetas al mes, y eso que es un 5º sin ascensor, pero no he encontrado otro más barato. Subir las escaleras me cuesta Dios y ayuda, pero qué remedio me queda. También duermo muy poco porque el poco tiempo libre que me queda lo dedico a coser para mí -no tengo dinero para compramela- y de encargo".

A pesar de sus esfuerzos, tampoco ha logrado ayuda estatal. "No me quieren dar la pensión de invalidez porque dicen que para conseguir las 20.000 pesetas que dan de ayuda tienes que tener un 60 por ciento de minusvalía y yo tengo un 40 y pico. Es cierto que existen trabajos que puedes estar sentada la mayor parte del tiempo, pero como yo no tengo estudios, es imposible que me los den. Hay que tener en cuenta que yo empecé a ir al colegio muy tarde y luego, con lo de la pierna, me pasaba la mayor parte del tiempo en los hospitales, así que sé leer y escribir, pero nada más".

Consciente de que puede perder la pierna -en cualquier momento puede aparecer la gangrena- Mari Valverde no piensa quedarse sentada a esperar que eso suceda. "Desde luego, voy a seguir luchando. Si hubiese sido por un accidente o una enfermedad, me resignaría y lo aceptaría, pero ver cómo unos médicos inhumanos e irresponsables me han dejado así por culpa suya, es algo que no soporto. Me han destrozado la pierna y la vida. Puede que yo pierda el pie y la pierna por la negligencia de esos médicos, por su apatía e insensibilidad, así como por la poca asistencia y apoyo de quienes están por encima de ellos encubriendo esos errores, pero no me rendiré. Al menos, que sirva para evitar a otras personas que pasen por lo que yo estoy pasando y para que se descubra cuál es la realidad que se esconde detrás de todo esto".


VÍCTIMA DE UN ERROR MÉDICO.

Una negligencia médica hizo que María Valverde, tras ser intervenida por una luxación en la rodilla derecha, haya quedado aquejada de una cojera permanente. Tras haber pasado 15 veces por distintos quirófanos, exige responsabilidades y una intervención que acabe con sus dolores.

Un aparato ortopédico rígido impide que su pierna sufra nuevas fracturas.

En muchas ocasiones el remedio puede llegar a ser peor que la enfermedad. Las negligencias o errores médicos pueden tener consecuencias irreversibles.

Estas consecuencias tienen nombres propios, como el de María Valverde Cerezo, una cordobesa que ha pasado media vida en quirófano debido a un error que ahora nadie quiere reconocer.

María sufrió una luxación en la rodilla derecha cuando tenía 11 años de edad. Lo que parecía una simple intervención quirúrgica, se convirtió tras la operación en unos insoportables dolores en el pie. "Tras la operación observé que la rodilla me seguía molestando, aunque era el pie lo que más dolor me causaba".

Tras varias semanas, el doctor cedió y le quitó el vendaje; su pie presentaba principios de gangrena y varias deformaciones.

María, que cuenta en la actualidad con 35 años de edad y una cojera irreparable, ha pasado 15 veces por quirófanos de Córdoba, Madrid y Barcelona, y asegura que después de cada operación, su pierna está peor y sufre más dolores.

Asegura que lo único que pretende es terminar con esto, "me da pánico pasar por quirófano de nuevo, sólo quiero que me hagan un examen médico completo en la pierna, cosa que durante los 20 años que llevo luchando no han hecho".

Esta cordobesa se ve obligada hoy en día a caminar con un aparato rígido, que impide que su pierna sufra nuevas fracturas y por supuesto nadie quiere aceptar responsabilidades en el caso.

"Sólo exijo que me curen, que me paguen por los daños que me han causado y que se haga justicia, aunque sé que no voy a quedar como estaba antes de la primera intervención".

Reclamaciones al Insalud, al Defensor del Pueblo, al Ministerio de Sanidad y al Parlamento Europeo durante ocho años no le han valido de nada hasta el momento, "lo único que recibo son excusas, rechazo y amenazas durante los reconocimientos médicos y desprecio".

El caso de María no es el único, "conozco a decenas de personas afectadas, pero renuncian a luchar y a reclamar justicia".

 

OCHO AÑOS DE RECLAMACIONES Y NO HAY RESPONSABLES.

María Valverde exige ahora responsabilidades. Los doctores Francisco Céspedes, Manuel Gala y Manuel Moreno Díaz, son los presuntos causantes de la dolencia que hoy aqueja a esta cordobesa.

Una sentencia, fechada el mes de julio del pasado año, en la que María Valverde exige responsabilidades a estos doctores a través del Instituto Nacional de la Salud, el Instituto Nacional de la Seguridad Social, el Servicio Andaluz de Salud y los Hospitales Reina Sofía de Madrid y San Juan de Dios, en Córdoba, le negaba la razón, aduciendo que su lesión "no fue el resultado de negligencia, sino un riesgo que puede surgir en este tipo de operaciones".

María pretende aunar las fuerzas de todos los que hayan sido víctimas de algún tipo de negligencia médica, "si yo sólo he conseguido que me escuchen, todos podemos conseguir mucho más", aseguraba.

"Hoy en día nadie está libre de un error médico, hemos de concienciarnos, aunque la culpa no es de los médicos que ejecutan estos errores, sino de la Administración, que los sigue permitiendo y silenciando".



CARTA ABIERTA A LA SOLIDARIDAD

Soy Mari Valverde. Llevo una lucha para nueve años por mil negligencias médicas que han cometido conmigo. Lo que estoy sufriendo que no se lo hagan a nadie.

Cuando inicié esta lucha pedía tres cosas: que me curen de una vez y dejen de hacerme más y más experimentos; que me paguen el daño que me han hecho, aunque destruir la vida de una persona no tiene precio, pero, por lo menos, vivir dignamente, y tercero, paz y justicia en los hospitales.

Llevo dentro de ellos 24 años, con diecisiete operaciones. He visto casos terribles y algunos a mi misma me los han hecho. Yo, gracias a Dios, aunque mal, puedo contarlos. Conozco a demasiada gente que no puede porque está debajo de tierra. Estoy luchando por mí y por esas personas. Esta lucha ha sido un auténtico fracaso.

Mi gran ilusión y meta era hacer una asociación y evitar tanto sufrimiento y absolutamente nadie me quiere ayudar. No lo hago por mí, sino por vosotros. Puse en Madrid unos 3.000 carteles. En Sevilla unos pocos menos, y en Córdoba más o menos igual.

Sólo he recibido unas ocho cartas; conozco mucha gente afectada y no queréis hacer nada. Tenéis miedo, miedo de qué, os han matado un hijo o destruido un familiar.

Eso se puede repetir, y no sólo en vosotros, sino a los que están a vuestros alrededor. ¿Hasta cuándo vamos a permitir esta sanidad tercermundista y deshumanizada? Todos unidos podemos decir basta.

Hay que tener valor y coraje para luchar y acabar de una vez con ella para que lo que nos están haciendo no se lo hagan a otra persona; que las lágrimas que estáis derramando y sufriendo no permitáis que otra persona sufra así, y aunque no seáis afectados luchad con nosotros. No hay quien se pueda librar de esta sanidad inhumana.

Es hora de decir basta a las listas de espera, a las negligencias médicas. Basta de esta reforma sanitaria que nos quieren poner, como poner jerarquizados a los especialistas. Esto os suena quizá raro, y diréis qué es, simplemente significa que cada vez que vas a un especialista hay uno diferente. Ni ellos (los médicos) quieren estar así. Pero la administración lo está poniendo a prueba. No permitamos que lo consigan.

Yo, por desgracia, pasé por ello y fue horrible. Una luxación en una pierna y ahora tengo que llevar un aparato rígido para que no se parta en dos.

Todos unidos podemos conseguir que nos traten con respeto y dignidad, lo que jamás hacen. No es fácil pero podemos luchar y jamás rendirnos. Espero que sigáis una cadena que todo el mundo se entere y hacer algo todos unidos. Yo ya he conseguido mucho y lo voy a conseguir todo, de vosotros depende si queréis tener una sanidad más humana. Yo ofrezco una vez más mi ayuda y mi apoyo si lo queréis.

Sólo nosotros podemos conseguirlo porque nadie nos va a ayudar, porque no podemos permitir que los médicos sean robots y haya un personal sanitario que tenga todo el material quirúrgico y que a veces no tenga ni algodón, entre otras mil cosas que necesitan, siempre que seamos tratados con respeto y dignidad, y que haya justicia.

Hago un llamamiento a todos los medios de comunicación para que nos ayudéis. Están las páginas llenas de deportes, los políticos y la jet set. Yo creo que la vida de una persona vale más que hablar de un partido de fútbol, por ejemplo, entre otras mil cosas. Podéis salvar muchas vidas, por lo que os pido en mi nombre y en el de los miles de afectados, que nos ayudéis. No os podéis hacer una idea del poder y la fuerza que tenéis.

Hay que acabar con la sanidad tercermundista que tenemos y sólo nosotros mismos con vuestra ayuda lo conseguiremos.


VEINTE AÑOS RECORRIENDO LOS HOSPITALES.

Mari Valverde, con una pierna casi inútil, dice que los médicos han destrozado su vida.

La han operado quince veces y no ha conseguido más que desesperarse. Camina arrastrando el pie y tiene que trabajar como empleada de hogar, sin derecho a ninguna prestación porque no llega al grado de invalidez reglamentado.

Tiene el pie destrozado, al parecer por culpa de una escayola que alguien puso mal o no revisó con la suficiente atención. Lleva veinte años recorriendo los pasillos de los hospitales públicos buscando que la curen o que al menos le hagan caso.

María Dolores Valverde, cordobesa, de 32 años, se dio un golpe en la rodilla cuando tenía 11 años. "Me mandaron al especialista, que era el doctor Manuel Gala. Él no estaba, había un ayudante, Francisco Céspedes, que me hizo una radiografía, me puso una escayola y me mandó tenerla un mes. Padecía unos dolores terribles y fui a verle otra vez. Entonces también se encontraba en la consulta el doctor Gala, y le oí decir que me habían destrozado la pierna", dice Mari Valverde.

INTERVENCIONES.

Después de "seis o siete operaciones y siete u ocho años de sufrimientos", en los que "jamás me hicieron pruebas y sólo de vez en cuando, radiografías", la rodilla de Mari Valverde mejoró. Pero había entrado al quirófano con el pie en perfecto estado y, sin embargo, después de la última operación sintió que le dolía terriblemente.

"Decían que eran manías. Estuve 21 días rabiando y nadie me hacia caso, hasta que una compañera me ayudó a quitarme parte de la escayola y comprobamos que tenía una mancha negra. Cuando la vio el doctor Gala me quitó la escayola y el pie se hizo un cuatro. Al parecer, si tardan un día más, me hubieran tenido que cortar la pierna".

Mari Valverde insiste en que los médicos en general, y lo que la trataron en Córdoba en particular, han destrozado su vida.

"Entré al quirófano con el pie perfectamente bien y salí con él destrozado". Sin embargo, la Organización Médica Colegial no ha estimado favorablemente ninguna de sus reclamaciones. Tampoco ha conseguido nada en las quejas y denuncias que ha presentado ante los tribunales ni en las oficinas del Defensor del Pueblo.

Los médicos que la tratan actualmente en Madrid dicen ese pie ya no tiene solución. Se han encontrado con el destrozo ya hecho y aseguran que el motivo no está claro. Uno de los miembros del Servicio de Traumatología del Hospital Ramón y Cajal, que la atiende en la actualidad, reconocía que "son, efectivamente, muchas operaciones las que lleva esta paciente. Casos similares pueden dar lugar a llevar a cabo hasta cuatro o cinco operaciones, pero de ahí a las quince que han existido hay una gran diferencia".

Mari Valverde se sigue quejando de que los médicos la operan sin hacerle las pruebas necesarias y de que no le explican lo que tiene. "Si en la próxima intervención que me tienen que hacer no me practican las pruebas necesarias, un examen completo y me dan por escrito lo que padezco y lo que me van a hacer, me negaré a ir al quirófano", señala.

 

CONEJILLO DE INDIAS.

Víctor Conde, jefe de la Unidad de Acción Sanitaria del Ministerio de Sanidad, ha atendido varias veces a esta paciente: "He prometido que me pondré en contacto con sus médicos para la próxima operación. Y a ella le he dicho que tiene que tener más confianza en los médicos que están siguiendo su caso porque son de toda garantía", declara.

Mari Valverde anuncia que seguirá luchando hasta el final para que reconozcan sus derechos y la indemnicen. "Si hace falta voy a trabajar duro para irme a Estados Unidos o a otro país donde me curen de una vez por todas y no hagan de mí un conejillo de Indias".


JUSTICIA Y PAZ EN LOS HOSPITALES.

Llevo una lucha de casi ocho años contra los médicos y la Administración. Ellos me han tenido, y me quieren seguir teniendo, 24 años haciendo experimentos, con quince operaciones. Hace ocho años dije "basta" y empecé la lucha. Me propuse tres cosas: una curarme; dos, que se me pague por todos estos años, y tres, justicia y paz en los hospitales. Por esta última acudo a todo el que lea esta carta. En estos 24 años he visto demasiadas muertes. Yo, con mi lucha, he conseguido mucho, y aunque tenga que estar otros ocho años, lo voy a conseguir todo. Si todos nos uniéramos por los mismo, se conseguiría; pero hasta ahora sólo me he encontrado con gente cobarde. Pueden matarle un hijo, destruirle otro, y muchos se quedarían cruzados de brazos esperando que les hagan otra cosa. Si la lista de espera dice cinco años para una operación, esperan sin mover un dedo. A mí me lo dijeron y en un año y medio ya estaba operada. ¿Cómo lo conseguí?, luchando de día y de noche; así se consigue. Si yo sola pude, todos unidos con la misma fuerza acabaremos con las listas de espera, los errores médicos y mil cosas más. Yo sola no puedo. Mi meta era hacer una asociación, pero me habéis fallado porque sois unos cobardes. En Madrid puse unos cinco mil carteles en el metro, en tiendas, en mil sitios y absolutamente nadie me respondió. En Sevilla y Córdoba, no tanto, pero igual, nadie me responde y a veces me han insultado, cuando lo único que pretendo con esto es que a otra persona no le hagan lo que a mí y que dejen de matar en los hospitales. Así no puede ser, tenemos que estar todos unidos y culpar a los verdaderos responsables. La Administración es la que tiene una Sanidad tercermundista, en las que los médicos hacen lo que quieren. Basta ya. Si queréis una Sanidad más digna y humana, luchad conmigo, juntos lo conseguiremos. No es fácil, pero lo haremos todos unidos. No tengáis miedo y salid.



Mari Valverde ha pasado quince veces por el quirófano por un error médico.

"BASTA DE SER TRATADOS COMO PERROS"

Fue en septiembre de 1970 cuando Mari Valverde ingresó por primera vez en un hospital, después de una caída que le causó una luxación en la rodilla. Entonces tenía casi doce años. Hoy tiene treinta y cuatro, y ha pasado estos años de hospital en hospital por "un error médico" que le ha dejado una cojera irreparable en la pierna derecha.

Desde aquella primera luxación, Mari ha pasado ya quince veces por el quirófano para operarse de la pierna, y del pie, que por culpa de una escayola mal puesta estuvo a punto de engangrenarse y ahora ha quedado deformado. Ninguna de estas operaciones ha dado resultado y ahora tiene que llevar un aparato rígido para evitar que la pierna se le rompa en dos.

"Al principio lo pasé muy mal, pero ahora no van a poder conmigo", asegura Mari, que después de veinte años de exigirle al Insalud "que me hagan un examen médico completo de la pierna y no operación tras operación, como un conejillo de Indias", se ha decidido a pedir firmas y colaboración para plantar cara al Ministerio de Sanidad.

"Después de tantos años, nadie me ha dicho lo que tengo en la pierna, nadie me da una solución y lo único que hacen es meterme en un quirófano después de un par de radiografías, sin que haya un diagnóstico previo".

Cartas de protesta.

Mari, que no tiene estudios ni familiares que puedan ayudarle, decidió hace ocho años que iba a luchar contra las autoridades sanitarias. Empezó entonces a mandar cartas al ministro de Sanidad, al Defensor del Pueblo e incluso a la Reina.

Ante sus demandas accedieron a tratarla en Madrid y Barcelona, "siempre con malos tratos y sin hacerme lo que yo pido: un examen médico completo".

Mari ya no se fía de la Sanidad española porque después de tantos años "viviendo" en hospitales "he visto morir a mucha gente". Como considera que nadie puede atenderla debidamente en España, ha pedido a los responsables del Insalud que lleven su caso a algún centro sanitario extranjero, "y no voy a parar hasta conseguirlo".

Sin embargo, el Servicio Andaluz de Salud ya ha contestado la petición diciendo que al concurrir "circunstancias asimilables a la emergencia sanitaria grave, ni las previstas en la normativa que regula esta materia" no se puede tramitar la petición de asistencia sanitaria en el extranjero.

Empleada de hogar.

Mari trabaja como empleada de hogar, por horas, sin contrato de trabajo. "Me ha costado mucho encontrar una casa porque las señoras no quieren cojas", afirma. Tiene un sueldo de unas 40.000 pesetas, más lo que saca haciendo horas limpiando por ahí. No recibe ninguna ayuda oficial, "porque me las han denegado todas".

Pese a la falta de fondos y de formación, Mari Valverde sabe que la lucha por un trato más digno dentro del sistema sanitario público "es cosa de todos, porque todos protestamos pero nadie reclama". Para organizar a todos los descontentos, se ha decidido a pedir la colaboración de todos los que hayan tenido problemas similares.

"Entre todos podemos conseguirlo -dice en un escrito que ha ido colgando por todas las estaciones de metro de Madrid-, basta de ser tratados como perros, basta de listas de espera, basta a tantos miles de errores y mil cosas más de las que no sólo son responsables los médicos, sino los organismos oficiales".

Lo que Mari Valverde pide es "que me curen, que me paguen por los daños que me han causado y que se haga justicia, aunque sé que no me voy a quedar como estaba hace 20 años".

"No estoy dispuesta a verme inválida y pidiendo".

"Voy a seguir hasta que me aclaren qué me han hecho, qué es lo que tengo, y haya ley y justicia. Estoy cansada de oír que estoy obsesionada o que estoy maniática con esto. Otros van a más, no lo dicen claro, pero piensan que estoy loca. Ni una cosa, ni otra. Creo que tengo motivos para hacer lo que estoy haciendo y pedir justicia. Exijo que me hagan un estudio en la pierna y me digan lo que van a hacerme, si no me niego a operarme en Madrid y saldré fuera de España a contar lo que estoy exigiendo. No voy a esperar mucho tiempo porque estoy cada día peor. No estoy dispuesta a verme en una esquina inválida y pidiendo, después de que me dicen que no tengo derecho a una paga, ni a ninguna ayuda económica. No me digan que acuda a centros sociales, no sirven para nada, estoy harta de acudir a ellos".




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