ASÍ TRATABAN
O SEGUIRÁN HACIÉNDOLO A LOS ENFERMOS MENTALES EN LOS HOSPITALES
Lo
que sigue me lo dio Pilar, trabaja en Onda Cero, es la única
que me ha ayudado en lo que puede. Esto lo vio en el periódico,
me lo guardé. Es carta la Director donde un médico le
llama a un enfermo basura y otras cosas, no tiene vergüenza.
Lo
que voy a escribir es muy duro y terrible ya que me he puesto a contarlo
todo. Lo voy a hacer por muy duro que me sea volver a recordar esto.
Con esto quiero dar una oportunidad de vida más humana y digna
a esta persona que esta sola e indefensa y le están haciendo
cosas terribles, a mí me las hicieron y conseguí salir
bien, por ello lo voy a hacer, aunque sé que ella nunca se enterará.
Aunque
creo que ha mejorado algo o son las apariencias, son los hospitales
psiquiátricos. Esto me es muy difícil, volver atrás
y recordar todo esto tan horrible e inhumano, lo que me hicieron. He
intentado suicidarme creo que más de 10 veces y no lo he conseguido.
Hoy me alegro de estar con vida pero no me arrepiento de lo que hice
porque siempre lo he hecho consciente y sabiendo lo que hacía
y porque siempre he luchado por no hacerlo, pero entre unos y otros
me obligaban a hacerlo. Han sido cosas horribles las que me han hecho.
Aquí estoy poniendo algunas, pero de mil no he puesto el 0,2%.
Hay muchas más y tan horribles como esta. De que tenía
dos o tres añitos en que empecé a sufrir y aún
hoy no he dejado de sufrir tantísimo que no creo que haya otra
persona a la que hayan hecho tantísimo daño. Hoy he aprendido
a vivir con el dolor y el sufrimiento y con la injusticia y por encima
de todo esto está mi felicidad y alegría, estoy a gusto
conmigo misma y orgullosa de haber superado todo esto con gran dignidad.
Luché de día y de noche, por no hacerlo llamé a
mil puertas, ni una se abrió, acudía al médico
psicólogo y psiquiatra, incluso de pago, aunque no me cobró,
estuve yendo a centros, ni unos ni otros me escuchaban, sólo
me drogaban con pastillas y era un zombie, y así tenía
que trabajar, que me era imposible con la pierna reventada y unos dolores
terribles, mal con el estómago y otras cosas, y aunque parezca
increíble, fiebre, a veces superaba los 40, problemas con el
trabajo, con los amigos o mejor dicho, en esa época prácticamente
no tenía, ni familia, encontrarte tan mal y no tener absolutamente
a nadie que te eche una mano, y mil cosas más, ni siquiera podía
ir a veces al médico por muy mal que estuviera porque perdía
el trabajo, tantísimas cosas y cuál más horrible.
Llamé a tantísimas puertas que ni una se abrió
aunque fuera un poquito. Aguanté dos años, ya no pude
más y una vez más terminé suicidándome,
esta vez casi lo conseguí, pero no fue así, lo que conseguí
fue un sufrimiento terrible y algo increíble y horrible, no conseguir
lo que tanto deseaba, morir. Esta vez acabé en la unidad de cuidados
intensivos, estuve dos o tres días en coma, cuando desperté
y aún atontada no sabía dónde estaba, empecé
a oír gritos e insultos de toda clase, faltó poco para
que me hubieran dado una paliza, fue horrible, y todo por lo que había
hecho y ahí no queda la cosa. Tan mal como estaba después
supe que tuve una parada cardíaca y al borde del infarto, gritándome
me decían que me tenía que ir a mi casa o al hospital
psiquiátrico. A ese hospital le tenía terror, había
oído cosas horribles y espantosas y había leído,
seguían gritándome que a mi casa o al hospital, les rogué
y supliqué que me dejaran en ese hospital hasta que me recuperara
un poco. No me escucharon, les importó poco mi sufrimiento y
lágrimas, no quería ir a mi casa por nada del mundo, pero
tampoco al otro sitio sabiendo lo que sabía y el miedo que tenía.
Opté por el hospital, me tenían atada de pies y manos
y no me moví, al quitarme la correa lo hicieron con tanta mala
leche que me hicieron heridas tanto en los pies como en las manos, y
sobre todo el pie malo. Tengo la piel muy delicada, tenía suero
y la aguja la tenía cubierta con bastante esparadrapo, ni tan
siquiera me lo quitaron, cogieron la goma del suero y de un estirón
me sacaron la aguja y los esparadrapos. Fue horrible el daño
que me hicieron y una gran herida que no me curaron. Una enfermera al
verme tan mal y el brazo chorreando sangre se dignó a curarme
y ahí no queda la cosa, me pusieron una inyección que
no sé para qué y dónde me la pusieron, y cómo
lo hicieron, fue en la ingle con tanta mal leche que estuve más
de una semana con derrame en toda la pierna y un gran bulto, no podía
estar sentada y casi ni andar. Si hubiera habido una ventana cerca me
tiro u otra cosa. Fue terrorífico e increíble, para mí
misma aún hoy, por qué hacer esto, si tanto nos odiáis
a los suicidas, que nos dejen morir en paz, para qué nos salvan
y nos torturáis así y nos obligáis a hacerlo otra
vez si pudiéramos. Es inhumano lo que hacéis, me habían
comentado cosas que en cuidados intensivos trataban muy mal a los suicidas,
que cuando hacen el lavado de estómago han llegado a romperle
los dientes o destrozarles el estómago, entre otras cosas, porque
esto me lo dijo una persona que trabaja dentro de un hospital y yo le
comenté lo que me habían hecho. Me dijo que eso era normal,
que recibiera ese trato. Hay casos en que no lo hacen bien, por qué
no nos respetáis y nos ayudáis en vez de destruirnos del
todo. Decís que nos da un arrebato de locura y lo hacemos. No
y mil veces no, habrá casos que sí pero del 100% el 98%
lo hacen como yo, conscientes y sabiendo lo que hacen. Lo que pasa es
que nadie los escucha ni los entiende.
Y
desde aquí les mando un mensaje a todos los médicos, a
todo el personal sanitario de cuidados intensivos o de plantas, que
jamás, jamás les hagáis lo que a mí a otro
suicida, y tratadlo con respeto y dignidad. No somos perros, somos seres
humanos que necesitan cariño y comprensión y que nos escuchen
y nos ayuden. Si no pensáis tratarlos así dejadlos mejor
morir en paz y no torturarlos. Os pido que los ayudéis, no los
acabéis de destruir. Esto lo hago dirigido al hospital Reina
Sofía de Córdoba, que es donde me lo hicieron, pero va
por todos los hospitales del mundo.
Me
echaron como a un perro, al salir estaba mi familia y me dieron de lado,
menos mal que esta Mª José y se abrazó a mí llorando,
que por que lo había hecho, su abrazo me dio tanta fuerza...
Lo necesitaba y fue de verdad con un cariño enorme. Sé
cuándo son de verdad o falsos, en cambio mi familia me despreció.
Mª José la conozco de toda la vida prácticamente. También
estaba Marina, esta casi no la conocía, me estaba haciendo un
trabajo a máquina, lo del diario y ella se portó muy bien,
me dieron fuerza para el sitio que me llevaban y creo que vino. A mí
me llevaron en la ambulancia, ella, no sé si era el novio o otra
persona, tenía coche y vino detrás. Fue llegar y el recibimiento
horrible, no te tratan como a un ser humano, no se puede comparar yo
creo que con nada, ni tan siquiera como a un perro, porque es peor y
un suicida no es un loco, pueden haberlos, pero antes deben estudiarlos
y si lo es que lo traten con respeto y dignidad, no así. Y más
si no lo está. Yo fui por propia voluntad, no tuvieron en cuenta
absolutamente nada, ni que era un ser humano, fue llegar y me trataron
como a una loca más, me drogaron de pastillas, me di cuenta rápido
de qué iba el tema y actúe rápido, aunque ya estaba
drogada, pero que no siguieran. Cuando entré en el hospital tenía
una pinta terrorífica, quise ducharme y no pude, era un dormitorio
con cuatro camas y la ducha dentro, pero estaba llena de cucarachas
y de todo. Llevaría años que no fregaban el cuarto de
baño. Había otra ducha no más limpia que esta pero
ahí las duchaban a todas juntas con el mismo jabón y esponja
y agua. Le tengo terror a las cucarachas, es el único animal
que no soporto, pero antes de ducharme así preferí quitar
las cucarachas y limpiar como pude mi intimidad y personalidad, ¿no
me las iban a quitar? Desde entonces no las puedo soportar, y casi me
las tuve que comer y dormir con ellas. Cuando me acosté la sábana
estaba asquerosa, era inhumano aguantar el olor. Llevaría meses
sin lavar y sabe Dios quién se habría acostado en ellas.
Si protestaba por eso más pastillas me daban, no sé de
dónde saqué fuerzas y hacer lo que hice, y gracias a eso
estoy con vida y perfectamente bien. Me es horrible recordar todo esto,
pero para que no se lo hagan jamás a nadie y fueron miles de
cosas más. Sólo contaré algunas. Cuando me levanté
tenía la cama llena de cucarachas, y el suelo estaba invadido
de ellas; aunque estaba muy mal me levanté alegre, hice la cama
y la de mi compañera, limpié aunque no podía con
el cepillo, así evité que me dieran más y más
pastillas. Como me dio resultado seguí, pero no podía
más, las pocas pastillas que me daban me dejaban atontada y durmiendo
y no podía caer ahí porque sino no saldría jamás.
Luego estaba muy mal, ya en todos los sentidos, por mis compañeras,
y lo que veía cada día hacer. Era horrible y más
y más me hundía, pero a la vez me daban fuerzas para no
ser la siguiente. Mi único consuelo y descanso era un patio viejo
asqueroso y un sillón aún peor y lleno de bichos. Había
flores o mejor dicho hierbajos, estaba escondido y cuando no podía
más me hundía ahí llorando horas y horas. Cuando
sentía la puerta me callaba y me hacía la dormida y me
dejaban tranquila. A veces tenía que morderme la bata porque
no me podía callar. Si me veía estaba perdida, doble ración
de pastillas o una inyección y pasaba a los muertos vivientes
y no y mil veces no, antes que llegar a eso, prefería la muerte,
pero cómo te suicidabas, allí no podías fallar,
luchas por encima de todas las atrocidades que vi hacer y yo estaba
ahí. Si me hundía sería otra más, cada día
estaba peor, no podía más, sólo había dos
soluciones, o la muerte o seguir. La primera, si hubiera tenido seguridad
de conseguirlo lo hago, la psiquiatra que me llevaba no se dio cuenta
de nada y según ella estaba muy bien. Era muy buena y se portó
muy bien, pero como siempre se metió mi familia y fue horrible
lo que pasó, prefiero callar esto. Ella, tan buena como fue al
principio casi acaba conmigo, yo seguí luchando, me dije que
ni ella ni mi familia me iban a destrozar y a los 15 días me
dieron el alta. Seguía convencida a pesar de lo que pasó.
Yo estaba bien y aún estaba peor, pero fueron 15 días
interminables y al cual más horrible, y eso que yo estaba arriba,
que era lo mejor, abajo ya contaré, las compañeras estaban
todas muy mal, las tenían superdrogadas y una mataron delante
de mí. Para mí fue eso, y otras las destrozaron, eso fue
lo que me dio fuerzas para no hundirme, si me fuera a matar no me importaba,
lo deseaba tanto morir, pero de ver cómo estaban mis compañeras,
eran zombies, yo intenté animarlas, ayudarlas, era inútil,
las habían convertido en zombies de por vida y yo por nada del
mundo sería eso, o muerta o luchar. Como no podía lo que
realmente deseaba luché como nadie se imagina para engañar
hasta a los propios médicos y en tan poco tiempo me dieran el
alta.
Trajeron
a una que decía la familia que se había vuelto loca, más
locos estaban la familia, sólo querían robarla, traía
muchas joyas, me las enseñó, esta de mi boda, tenía
grabado el día y fecha de la comunión de su hijo. Todo
lo que hablaba era verdad y estaba normal, no estaba loca, tenía
más joyas que se las habían quitado las enfermeras. Yo
fui testigo porque las guardaron en una caja de seguridad y me fijé
y todo lo que habían dicho sobre ella era cierto, no mentía
y menos loca. Estaba hablando conmigo bien normal, no estaba ni tan
siquiera alterada, un poco nerviosa sí, era normal, no sé
lo que le dieron, o gotas o pastillas, yo no pude verlo, fue muy rápido.
Ella no quería y a la fuerza se la dieron y no me acuerdo si
fue esta otra la que mataron, fueron varias veces las que vi esto. Se
cayó del sillón al suelo muerta, se la llevaron al dormitorio
y arrastrándola, peor y más inhumano imposible. La pusieron
en mi habitación y lo único que hicieron bien, estuvo
prácticamente toda la noche un médico con ella, ya era
tarde, estaba muerta. Qué le darían que cayó enseguida.
Al otro día desapareció del hospital y nadie sabía
nada. Esto lo vi en otros y ni una presentaba síntomas de locura,
sólo dos y porque venían de otro hospital. La mayoría
no acaba como zombies, todavía peor. A una le hicieron igual
pero estuvo dos días durmiendo, cuando la levantaron no podía
hablar ni mover los brazos, estaba totalmente parapléjica, peor
que las otras. A otras no sé por qué, las encerraron en
el que decían cuarto de castigo. Gritaban y chillaban, cuando
las sacaron eran otras zombies o peor. Aparte de estos gritos oí
otros más horribles que no sabía de dónde venían.
Me dijeron que de abajo y que era normal. Cuando lo descubrí
casi me da algo. Aquí ya sí que perdí la fuerza,
no me lo podía creer lo que estaba viendo. Si era real o alucinaciones.
Hoy aún me es difícil creer lo que vi y fue real y verdad.
Había visto y oído cosas horribles y aquello era una de
ellas, y me lo había imaginado, y lo que podía ser, pero
lo superaba el 100%.
Decidí
un día bajar abajo, si nosotros estábamos en el mejor
sitio y cómo estábamos, cómo estarían abajo,
espantoso. Fui un día a misa que la decían abajo, me quedé
horrorizada, lo que vi allí, me tuve que sentar porque si no
me caigo al suelo. Donde yo estaba sólo había 8 o 10,
y son los que están mejor. La mayoría, por no decir todos,
le faltaban ojos, otros unas cicatrices horribles, tanto en la cara
como en el cuerpo, brazos o piernas. Algunos las tenían abiertas
y con gusanos. A estos nos sólo los habían convertido
en zombies sino también en monstruos. Yo creo que no había
uno que se pareciera a un ser humano ya, porque qué les habrían
hecho para que estuvieran así. Eso se sale de lo normal, había
leído y oído que hacían experimentos con los locos
pero jamás que fuera algo tan monstruoso e inhumano, y que lo
viera con mis propios ojos, no me atrevía a preguntar nada, podía
ser una más de ellos, ahora comprendía esos gritos tan
terroríficos. Me hundí, fue tal la impresión y
shock que recibió que no sabía cómo salir. Aún
veo esas caras llenas de pena, dolor y sufrimiento, y los que tenían
ojos, hundidos y llenos de sufrimiento, y aunque pocos había,
gente joven más que yo, algunos había chicos y chicas.
Señor mío, y la más culpable la familia que los
abandona allí. Fueron tantos miles de cosas que vi y logré
que no me hicieran ninguna. Aunque superar esto me fue terrible, creí
que no lo conseguía pero cada vez que veía que se cargaban
a alguien me decía, la siguiente soy yo, y no y mil veces no.
Y la comida, sólo de recordarla me da asco y ganas de vomitar.
Las cucarachas y los gusanos en casi todas las comidas los llevaban.
Si me podía escapar de ir al fregadero y tirar la comida, pero
era muy difícil porque nos tenían muy vigiladas. Si te
daban ganas de vomitar te ponían rápido una inyección
y más atontada te dejaban o otra cosa, a mí no llegaron
a ponérmela, pero la vi poner, estaba aterrorizada, muy mal en
todos los sentidos, y tenía que representar todo lo contrario,
que estaba bien, y si había cucarachas o gusanos en la comida
te decían que no, y era que no, estábamos locos, ellos
no y tenían la razón, nosotros el terror y el pánico.
A una compañera un día le decían que había
una cucaracha, estaba mal, pero a veces tenía un momento de lucidez
y se enfadó y con toda la razón del mundo. Le pusieron
la camisa de fuerza y le hicieron tragar la cucaracha y encima la drogaron
más. Como hablara o protestara. Yo no llegué a comerme
ninguna, me las ingeniaba y las sacaba del plato, que no me vieran,
y me las guardaba en el bolsillo de la bata, pero mis compañeras
si las vi comérselas. Cerraban los ojos por no verlas y el nudo
que se me hacía no me pasaba el agua y tenía que seguir
comiendo como si no pasara nada. A ellas, si tenía, intentaba
por todos los medios quitárselas, había veces en que podía,
otras no, y no sólo eso, sino la comida lo más malo y
asqueroso del mundo. A la semana de estar allí, me puse muy mal
con el estómago y me tuvieron que sacar y llevarme a otro hospital,
pero sólo fue un día, y si nosotros éramos los
que estábamos bien, Dios mío, como estarían abajo,
qué les harían, como pueden hacer esto, y menos mal que
no se dan cuenta de la mitad de las cosas, pero sufrí mucho y
cuando tienen un momento de lucidez lo pasan fatal. Quien hace esto
sabe que lo tiene todo a su favor, jamás nadie dirá nada,
y si lo dice es la palabra de un loco contra la de ellos y saben que
tienen todas las de ganar. El loco no tiene derecho, sólo a que
lo destruyan. Me dieron el alta y me fui a otro infierno, mi casa. Aunque
me dieron menos pastillas, pero estaba drogada y dieron una orden de
que sólo me dieran las pastillas o mi familia o el médico.
Ni una cosa ni la otra quería, como cada 8 horas iba a ir al
médico a que me dieran una pastilla, y mi familia menos, las
dejé de golpe. Fue horrible de pesadilla, y cosas horribles.
A los dos días no podía más y recurrí a
otra cosa. Este es otro de mis secretos. Busqué ayuda en el alcohol.
Antes de eso recurrí al único familiar que es más
bueno, pero no me dio la ayuda que necesitaba, no podía beber
mucho en mi casa, no había bebidas, vino de la comida o cerveza.
No me gusta el vino pero me daba igual, pero vi que poco me ayudaba
y estaba cometiendo otra locura, y eso no era solución, o tenía
que luchar por morir de una vez o que me dejaran vivir en paz.
Me
escapé de mi casa y volví otra vez al infierno del hospital
psiquiátrico, no podía más, los drogadictos lo
saben bien lo que es el mono, así estaba yo o peor. Llevaba esta
vez las cosas muy claras, sabía que estaba la médica de
guardia, la que a mí me llevó y me acabó de destrozar.
Sé que ella no tuvo la culpa de lo que pasó, sólo
tenía una solución, la muerte. Entre las cosas que lleva,
llevaba una cuchilla para cortarme las venas. Sabía que me registraría
todo y me la podía encontrar. Si eso ocurría llevaba un
bote de colonia y con los cristales lo haría. La escondí
tan bien que no la encontraron y si me ayudaban me llevé la cartilla.
No tenía mucho dinero, pero mi idea era recuperarme un poco.
Allí irme, ni una cosa ni la otra. El médico de guardia
no era ella, fue el primero que me trató como a un ser humano
y me dijo, tú no estás loca para estar aquí. Yo
le dije que era cierto, que jamás lo he estado y si he venido
es porque me han drogado y llevo una semana sin tomar las pastillas
y no puedo más. Me dijo, te vas a quedar unos días y te
recuperarás. Me dio otras pastillas mucho más flojas para
contrarrestar a las otras y dejarlo, pero al otro día apareció
la otra y ya se me complicaron las cosas. No podía hacer nada
de lo que querían. Me daba miedo o mejor dicho terror, no suicidarme,
porque si lo hacía y no lo conseguía sabía que
jamás saldría de allí. Llamaron a mi familia, aunque
yo no quería, lo que pasó, horrible. No quiero recordar
esto, y otra vez a mi casa. La médica no me acuerdo de su nombre,
cuando me vio destrozada, hundida y llorando, se dio cuenta del daño
que me hizo y como me había destrozado. Se abrazó a mí
y llorando me dijo perdóname. Sé que ella no tuvo la culpa,
me vio así porque yo tenía el alta. Peor había
estado cuando estuve los 15 días. Sólo estuve dos o tres.
Vuelta a mi casa, aunque al poco tiempo me vine a Córdoba a trabajar
con todo lo mal que estaba, pero estando aquí podía ir
al médico. Hacía mucho tiempo que me llevaba un psiquiatra,
Carmen Jiménez, admirable y maravillosa. Me ayudó tantísimo
y gracias a ella salí de todo sin secuelas y perfectamente. Cuando
me vio y le dije lo que me habían hecho con las pastillas, porque
yo le dije que era un absurdo, porque si me quería volver a suicidar,
tenía dinero y en la farmacia podía comprar las que quisiera
o de otra manera. Eso de no tenerlas me obligaba más y más
a que lo hiciera y más como estaba. Ella me dijo, sé que
lo has pasado mal y estás mal, siempre te he creído y
he confiado en ti, y sé que no estás loca y si quieres
que siga confiando en ti y te ayude me lo tienes que demostrar, y me
dio dos cajas de pastillas. Te las tienes que tomar. Así, si
lo haces de una vez, ese es tu problema. Confío en ti, en que
no lo harás y como tú dices, da igual que te las de yo
o vayas a la farmacia. Fue muy dura, clara y sincera. A la semana, cuando
fui se las llevé y me las tenía que tomar porque era para
contrarrestar la droga que tenía. Pero ella me dijo una dosis
y yo tomé menos. Me fue muy difícil y duro hasta que las
dejé del todo. Y sólo me tomé una caja, porque
si ella me decía dos, yo una. Después de ya estar bien
y dejarlas he ido a verla y saludarla. Llevo mucho tiempo sin verla,
no sé por donde anda. Así comprendo a los drogadictos
cuando están con el mono. Es horrible, algo inimaginable y terrible.
En el hospital que estuve fue el hospital psiquiátrico de Alcolea
en Córdoba.
Y
voy a hacer un llamamiento de solidaridad a todos los psiquiatras y
psicólogos, a todo el personal sanitario. Jamás le hagáis
esto a los pacientes, ayudadlos, no los acabéis de destruir del
todo y sobre todo respetadlos. Son seres humanos, por qué les
hacéis tantísimas cosas que son inhumanas, por qué
los convertís en zombies o en monstruos, por qué lo hacéis.
Os pido que jamás lo volváis a hacer, y no los tratéis
como a locos aunque lo estén y menos no darles una oportunidad
de que vuelvan a la realidad, y no los droguéis innecesariamente.
Sólo necesitan que alguien los escuche y les de un poco de cariño
y comprensión. Haced esto, no lo otro. Os lo ruego, que no hagáis
tantísimo daño, es evitable.
Al
cabo de un tiempo vi un programa en TV sobre este tema. Le hice un escrito
sobre lo que acabo de contar. Hicieron un programa de TV dentro de un
hospital de esos y superaba a un hotel de cinco estrellas. Mentira,
se veía claro que era mentira. Era un perfecto montaje para la
cámara de TV y se lo dije, que los habían engañado.
Él decía que no, que grabaron la realidad, qué
equivocado estaba, y me pone como si yo hubiera estado allí,
y allí no fue. Pero sé que ese es igual al que yo estuve.
Hoy sigo diciendo igual, fue un montaje. Sé que ellos no tienen
culpa, fue lo que les mostraron y se lo creyeron. Desde luego para creer
lo que yo digo hay que vivirlo, y así es y es difícil.
Esto
es del año 85 en el 87. Lo sé porque lo he buscado en
el diario. Salió un reportaje en Interviú sobre este tema
y está super bien. Estos sí que dicen la verdad y no toda,
porque no los dejaron. Dicen que es una fábrica de locura, qué
verdad más grande, y ya que a ellos no los dejaron que vieran
la realidad, lo hice yo en mi diario, para que jamás lo hicieran.
Eso puede tardar años en que salga a la luz pública. Por
eso lo hago desde aquí, para que lo sepa todo el mundo lo que
hacen y lo que no vi yo, y me ha sido muy duro volver a recordar esto,
pero para que sirva de ejemplo y no lo hagan más.
El
reportaje cuenta cosas terribles, a mí no me pilla de sorpresa,
y aunque son cosas increíbles, yo las creo, eso y más
lo he vivido en ese infierno. Y en una foto inhumana se ve su pena y
su tristeza en la cara. Lo que he contado no es de tres partes ni media.
Fueron miles de cosas más. Creo que a los pocos años lo
cerraron. Hubo una reforma forzosa. La prensa se le echó encima
por eso. Si no seguirían igual y dudo de esa reforma, los enfermos
se los trajeron al Hospital General de aquí. Tienen una planta
para ellos. No sé si tendrán mejor trato, y el otro creo
que sigue abierto. Lo cerraron para lavarle la cara a tanta atrocidad
que habían cometido allí.
Y
a pesar del terrible daño que me han hecho, las atrocidades que
han cometido conmigo en todos los sentidos, ese odio, rabia y venganza
y otras cosas las he convertido en amor. El amor que yo jamás
he tenido, darlo a los demás, dar eso, comprensión, escucharlos
y otras cosas es maravilloso. Entregarte a los demás por amor
y ayudarlos en todo lo que puedas sin recibir nada a cambio es demasiado.
Buscar y llevar la justicia y la paz sobre todo, aunque nadie te ayude
no importa si se hace de verdad y de corazón, y con amor.
TELEVISIÓN
ESPAÑOLA, S.A.
VIVIR
CADA DÍA.
Apreciada
amiga:
Dicen
que en la antigua Grecia, cuando a un monarca le llegaba un mensajero
con noticias que no le agradaban, mandaba decapitar, como represalia
contra el mensaje, al mensajero.
Pues
eso es lo que a veces hacen algunos con los programas de TVE: cuando
salen cosas que no les gustan, protestan contra el programa que las
muestra.
Mire
Vd. señora: los médicos de Miraflores que salieron es
ese programa piensan y hacen justamente lo que dijeron e hicieron en
una hora de emisión. Si quiere Vd. protestar porque a Vd. le
trataron otros médicos de Miraflores de otra manera, nosotros
no tenemos la culpa, y dirija Vd. sus protestas al hospital, pero no
a nosotros, que nos limitamos a mostrar realidades, y en ese caso mostrábamos
esa realidad, que no es la misma a la que Vd. se refiere en su carta.
Un
cordial saludo,
Visitamos
un asilo-manicomio que fabrica locura.
LA
NIÑA LOCA QUE SE MUTILO.
Entramos
en el Hospital Psiquiátrico Provincial de Lugo, una auténtica
fábrica de locura que almacena enfermos como si fueran animales.
Su director, Angel Usero, nos dijo, sin embargo, que no tenía
nada que comentar con nosotros sobre la situación. Entre los
casos patéticos, pudimos observar el de Virtudes Blanco, una
joven de veinte años que pasó toda su vida atada y que
se mutiló.
Pobres
habitantes de la locura. Tuvieron que esperar treinta años los
del Hospital Psiquiátrico San Rafael de Lugo, dependiente
de la Diputación Provincial para que sus enormes problemas pudieran
saltar a la luz al socaire de una de esas disputas provincianas e interesadas
en las que suelen enredarse los políticos cuando olfatean elecciones
en el horizonte.
Eran
muchos los que sabían que, en realidad, desde su inauguración,
hace ya más de treinta años, el manicomio de Castro
de Riberas de Lea, a treinta kilómetros de la capital de
la provincia, en plena llanura de la Terra Cha (Tierra Llana),
no ha sido nunca ni es ahora más que un inmundo almacén
de la locura en el que, a lo largo del tiempo, se amontonaron los enfermos
de la misma manera que se encierra al ganado en el cercano matadero
de Frigsa. Hubo ocasiones en las que el centro albergó
a más de medio millar de pacientes en unas instalaciones que
apenas dan para acoger debidamente a ciento cincuenta, y todos al cuidado
exclusivo de un director chapado a la antigua, Angel Usero, otros
dos médicos psiquiatras sin dedicación exclusiva y cuatro
médicos generales que se ocupan de hacer las guardias incluso
desde sus propios domicilios.
Fábrica
de locura.
Según
psiquiatras que, como Emilio González, actualmente director
del Centro de Diagnóstico de Santiago de Compostela, se
ocuparon de estudiar la situación de la asistencia psiquiátrica
en Galicia, "Castro es un asilo-manico-mio típico, una
auténtica fábrica de locura".
A
lo largo de las últimas décadas, los representantes de
la Diputación, responsables directos del centro, no se sintieron
jamás preocupados por la asistencia médica en sí
misma. La Diputación de Lugo sometió a los pacientes,
según la fuente anterior, "a una peregrinación
macabra para ahorrar lo más posible ya que, al fundarse Conxo
en Santiago de Compostela, hizo venir a los enfermos que tenía
en Barcelona y en Valladolid para, más adelante, volver a llevárselo
fuera de Galicia y, pasados unos años, los hizo de nuevo regresar
a Conxo".
En
el año 1951, coincidiendo con un aumento de tarifas en Conxo,
la Diputación de Lugo echó cuentas advirtiendo que le
resultaba más barato construir su propio centro psiquiátrico.
Eligió un paraje deshabitado, a 17 kilómetros de la capital,
en Castro de Riberas de Lea, y construyó allí un
edificio monobloque que comenzó a funcionar en 1953, Angel
Usero Ciscar fue siempre, y sigue siendo, su director y, durante
muchos años, el único médico psiquiatra del centro.
Vive en Lugo, donde sólo recientemente dejó de
trabajar en su consulta privada, y, hasta hace poco tiempo, acudía
al hospital psiquiátrico que dirige una o dos horas cada tres
o cuatro días, según datos aportados por el especialista
Emilio González.
La
situación caótica del centro llegó a ser tal que
las subvenciones concedidas por el PANAP -entonces organismo competente
para la asistencia psiquiátrica- con el fin de efetuar reformas
en el centro fueron sistemáticamente devueltas a su origen porque
el director no quería o no sabía emplearlas en nada. Ya
en el año 1976, un grupo de enfermos logró traspasar las
herméticas paredes del manicomio para alertar a la opinión
pública a través de una carta que publicó El
Ideal Gallego de La Coruña en la que decían que "los
médicos no están, los empleados podrían tratarnos
mejor y la comida es muy mala". Meses antes, los vecinos de
la cercana localidad de Sobrado de Abadín habían
explicado que cuando acudieron al hospital para recoger el cadáver
de un interno no pudieron llevárselo porque, a la una de la tarde,
no había llegado aún ningún médico que pudiera
firmar la defunción.
Durante
largos años, el centro albergó alrededor de medio centenar
de enfermos al cuidado de un solo psiquiatra y de cuatro médicos
generales lo que no impedía entonces que su eterno director declarase,
en noviembre de 1975, que "la asistencia se hace con arreglo
a las Normas de la Organización Mundial de la Salud",
manifestación evidentemente difícil de probar si se tiene
en cuenta que, en aquel momento, había un médico por cada
cien enfermos. Es sabido que los organismos mundiales de Psiquiatría
recomiendan que haya, por lo menos uno por cada treinta pacientes y
son muchos los que insisten en la conveniencia de disponer de uno por
cada diez.
La
misma escasez de medios existió siempre con respecto al resto
del personal asistencial, con una plantilla de sesenta trabajadores
para todo el hospital sin que haya existido nunca ningún tipo
de asistencia extrahospitalaria.
El
hospital de la discordia.
Cuando
se hizo cargo de la Diputación el equipo de Alianza Popular
presidido por Francisco Cacharro, había en Castro más
de cuatrocientos enfermos todavía. En la actualidad, quedan 220
hombres y 180 mujeres. "Hicimos dar de alta a los pacientes
que podían pasar a cargo de la familia", nos declaró
Fernando Carlos Rodríguez, diputado provincial delegado
de la Diputación para asuntos del Hospital Psiquiátrico
"San Rafael".
Paralelamente,
el equipo aliancista que dirige la Diputación compró por
96 millones de pesetas el Hotel Miño, de Lugo, contra
la opinión de los diputados socialistas y los del Coalición
Gallega, que llegaron a ver, incluso, en la operación alguna
maniobra supuestamente "acordada" con el también diputado
provincial González Granxeiro, del PDP, propietario del
hotel de la discordia. "Nosotros estamos convencidos de que
la masificación insostenible del psiquiátrico de Castro
hay que resolvería por vía de urgencia -declaró
a INTERVIU el diputado-visitador del centro-. Estamos convencidos
de que la compra del hotel es una buena operación, porque nos
va a permitir instalar en él a unos cien pacientes escogidos
entre aquellos que tienen menos problemas típicamente psiquiátricos
y más geriátricos. Nuestra idea es instalar allí
algo así como un psicogeríatrico y un ambulatorio en el
que se pueda dispensar asistencia diaria".
A
raíz de la compra del hotel, valorado sólo en sesenta
millones por el arquitecto de la Diputación Luis Pérez
Barja, se desató la polémica y, sin duda a causa de
ella, los responsables del hospital de Castro se decidieron a abrir
las puertas a la prensa local para que viera lo que hay dentro. José
Luis Tejero, fotógrafo del diario El Progreso, descubrió
en una esquina la presencia de una paciente muy singular y la fotografió.
Se armó la gorda y la dirección del hospital ya no permitió
más fotografías en el centro. Quedó claro que se
había llamado a la prensa para que hablara de lo que a ellos
les interesaba, pero no para que destapara una olla podrida de un psiquiátrico
que sigue pareciendo más un manicomio del siglo pasado que un
centro asistencial de nuestros días.
El
caso de Virtudes.
La
paciente descubierta es Virtudes Blanco Hermida, de veinte años,
subnormal profunda, un caso para la reflexión. Hija de Jesús
María Blanco Teijeiro, jornalero del campo, 56 años
y de María Isolina Hermida Díaz, 53 años,
igualmente jornalera, fue la cuarta hija del matrimonio nacida el 13
de septiembre de 1964 en la aldea de As Cernadas, parroquia de
Santa Cristina y municipio de Cospeito (Lugo).
Desde
su nacimiento, vivió recluida en un pequeño espacio de
la primera planta del domicilio, encerrada en una especie de jaula de
madera de un metro cuadrado de la que no podía salir nunca y
en la que vivió los primeros años de su vida en un estado
verdaderamente lamentable. La niña permanecía envuelta
en sus propios excrementos que comía a menudo y sin lograr casi
nunca ponerse de pie. De ahí le quedó la permanente costumbre
de mantenerse acurrucada, en posición fetal.
Su
padre, un típico paisano gallego de carácter bonancible
y extremadamente temeroso, está convencido de que toda la culpa
la tuvo su mujer que no atendió a la niña. "Es
una mala mujer -nos dijo- que no se preocupa de nada más
que de andar por ahí de golfa. Yo la tuve que encerrar entre
cuatro tablas a la pobre pequeña porque la madre no la cuidaba
para nada. Podía limpiarle la mierda, perdonando, por lo menos
porque ya se sabe que otra cosa los pobres no podemos andar muy limpios,
pero por lo menos evitar que viviera la pobrecilla cubierta de su propia
mierda. Pues ni eso hacía. Es una mala mujer que se fue con otro
hombre, un "quirindaino" (amante) que se echó
y luego quería volver conmigo, pero yo antes me paso al otro
mundo".
Llegó
un momento en el que el cura de la parroquia, conocedor del asunto,
informó al Tribunal de Menores y éste se ocupó
de la niña, internándola en el Hospital San Pablo,
de Mondoñedo, donde permaneció dos años. Virtudes
tenía ya entonces un alarmante impulso autodestructivo que la
llevó incluso a arrancarse con la mano uno de sus ojos y a comerse
los dedos. De Mondoñedo pasó más tarde al
Psiquiátrico de Castro y él permanece siempre con
las manos atadas a la espalda o por delante sometida a una camisa de
fuerza. Nunca habló una sola palabra y resulta verdaderamente
dramático escuchar sus gruñidos animales y observar como
se balancea de izquierda a derecha en su eterna posición fetal.
Curiosamente, su rostro alcanza a veces singulares expresiones apacibles
inmediatamente truncadas por gestos desesperados que la convierten en
un ser verdaderamente dramático.
Su
madre, María Isolina, vive ahora sola en una casa arrendada
cuya renta no puede pagar porque no tiene dinero. En la aldea de Roas
no falta quién cuenta que esta mujer es lo que se dice "ligera
de cascos" y alguno asegura incluso saber que cobra quinientas
pesetas por acostarse con los hombres. Tiene un amante apodado El
Marroquí y se defiende como puede de las acusaciones que
le hace su marido: "Yo, pobriña de mí, cuidé
a mi hija mientras pude y con lo que tenía. Si la dejaba sola
era porque mi marido, y sobre todo mi suegro, me obligaban a salir todo
el día a trabajar en el campo. No la fui a ver nunca al sanatorio
porque no me atrevo. Si me acompañaran mis otros hijos a verla,
iría, pero yo sola tengo miedo". Curiosamente, la respuesta
de que no se atreve a ir a verla la da también el padre de la
chica. Jesús María Blanco, pues señala que
él no puede ir a visitar a su hija si no dispone "siquiera
de dos o tres mil pesetas para dejarles allí a los médicos
y a las monjas para que me la cuiden".
Lamentablemente,
Galicia es aún escenario frecuente de casos como éste
por el abandono en el que vive gran parte de su población rural.
En los archivos de los distintos tribunales de menores de las cuatro
provincias gallegas y en los hospitales especializados hay toda una
colección de casos dramáticamente patéticos.
En
el hospital para deficientes mentales de Mondoñedo está,
por ejemplo, un joven de Valdoviño (La Coruña)
que vivió diecinueve años encerrado por su familia en
una cuadra. Una joven que vivía con su abuela, pues su madre
era emigrante y ella era hija de soltera, tenía siempre a su
lado una garrafa de vino para que se calmara y no diera la lata. En
la parroquia de Goa (Lugo), dos niños vivían atados
a los pies de la cama y la Guardia Civil tuvo que emplear la fuerza
para hacerse cargo de ellos, porque los padres no querían entregarlos
al Tribunal de Menores. Los tenían atados para que no pudieran
comer sus propios excrementos, según confesaron. En Castroverde,
provincia de Lugo, una joven fue encerrada por su hermano, viajante
de profesión en una habitación oscura para evitar, según
él, que fuera violada durante sus ausencias.
Este
caso no puedo dejármelo atrás. No sé si conseguiré
un reportaje de ellos. Se lo dedico con todo mi cariño y mi amor
a Gloria Martínez.
Quiera
Dios que me equivoque, pero sé que hace dos años te mataron.
Sólo tenías 15 ó 16 años y quiera Dios que
no te hicieran lo que yo vi y no vi. Esta chica hace dos años
desapareció de un hospital psiquiátrico de Alicante de
una manera misteriosa. Sólo estaba un poco nerviosa y sus padres
la llevaron allí para que se relajara y se tranquilizara y aunque
estuviera mal no hay derecho que la maten. Por unos escritos estaba
muy drogada. Hasta otro día no avisaron a sus padres. Dicen que
escapó y no avisaron a la policía ni a nadie hasta otro
día. Un montón de cosas, a cuál más extraña.
Cerraron el hospital y ahora, a los dos años, aparece allí
la ropa interior manchada de sangre y documentos. Por esto y otras cosas
han vuelto a abrir el caso. Yo sé que de que lo dijeron hace
dos años, sé que la mataron dentro del hospital o se pasaron
con los medicamentos o con otra cosa. Como la que vi cuando yo estuve.
No fue ese pero son todos iguales. Por mucho que he contado hay miles
de cosas más. Qué harán abajo para destrozarlos
así. Quiera Dios Gloria que a ti no te hayan hecho nada y si
te han matado no te hayan hecho sufrir lo que a mí me hicieron
pasar. Yo gracias a Dios puedo contarlo y estoy muy bien. No pudieron
conmigo y desde esta página apoyo a tus padres y que esos asesinos
paguen por lo que han hecho. Y desde aquí lo denuncio para que
jamás jamás se repita y acabar con esto.
Gloria
daría cualquier cosa por equivocarme y que estuvieras con vida,
pero desgracia sé que no me equivoco. Sólo deseo que no
te hayan hecho sufrir ni daño, pero sé que lo han hecho.
Te habían atado entre otras cosas. Sólo tú lo sabes.
Yo también pero todo no. Quiera Dios que lo cojan y paguen con
el mismo sufrimiento y por desgracia no eres la única. Hay tantos
casos más en el silencio. Nadie cree a un loco, aunque no lo
este, como a mí cuando estaba la cucaracha nadando en la comida
y decían que no era, sino visiones según ellos, porque
yo estaba loca y ellos no, y si insistía estaba perdida, te ataban
y te hacían mil cosas, era mejor callar como yo hacía.
Y si podía me la guardaba en el bolsillo. Adoro los animales
pero las cucarachas las odio y les tengo terror. Es el único
animal que le tengo pánico. Si me dan a elegir si irme al lado
de ellas o de un león, me voy con el león, con lo peligroso
que es lo prefiero. Es algo superior a mí.
Gloria,
si algún día apareces será muerta. Estoy segura
de lo que van a decir, que te escapaste y alguien te cogió, te
violó y te mató y una y mil veces no. Si no es esa versión
será otra parecida. Eso lo dirá el forense que es uno
de ellos y los jueces que también están de su parte. No
hay ni ley ni justicia prácticamente en nada, y menos en un caso
así, y el forense jamás dirá la verdad y se inventará
cualquier cosa como ocurrió en mi caso y los jueces lo crean
a él y sólo a él. Estamos absolutamente solos ante
tanta injusticia, y ya que no la hay voy a decir la verdad de esto.

HABLA
LA MADRE DE GLORIA MARTÍNEZ:
"Que
se mojen y que resuelvan el caso".
Indignación
es lo que siente Isabel Ruiz, madre de Gloria Martínez, cuatro
años después de la extraña desaparición
de su hija de una clínica psiquiátrica.
Isabel
es una mujer todavía joven -42 años- y guapa, a pesar
de que en su rostro se aprecian claramente las huellas de muchas noches
sin dormir.
"Cuando
Gloria entró en la clínica de la doctora Soler, tenía
17 años y unos meses. Era un chica normal, sensible y muy inteligente.
No sabemos por qué, pero llevaba una temporada larga en la que
padecía un fuerte insomnio. Se levantaba por la noche, daba mil
vueltas por la casa y no conseguía dormirse. Entonces alguien
nos recomendó a la doctora Soler, una psiquiatra que trabajaba
aquí, en Alicante, y que por lo visto era una buena especialista",
explica.
La
llevaron a que la viera y, al principio, pareció que la joven
respondía al tratamiento. "La doctora se limitaba a charlar
con Gloria y la chiquilla iba mejorando. Después le puso un tratamiento
a base de pastillas y finalmente le dio de alta".
"Me
puse como una loca".
-
¿Y entonces...?
-
Al cabo de un mes la llamaron para una revisión y la doctora
le recomendó hacer terapia de grupo, pero Gloria decía
que no quería hablar de sus cosas delante de otra gente y no
fue. Pero unos días después se volvió a encontrar
mal y nos pidió que la llevásemos a la doctora de nuevo.
Cuando
la doctora Soler volvió a ver a Gloria, habló con los
padres y les informó de la necesidad de ingresarla en la clínica
que ella tenía en L’Alfas del Pi, cerca de Benidorm. En un principio,
los padres de Gloria no querían separarse de su hija. "Preferíamos
que la medicaran y que estuviera en casa. De todas maneras, nos convenció,
a pesar de que teníamos que pagar cuarenta mil pesetas diarias.
Si pides un crédito para un piso o para un coche, también
lo pides para tu hija, y con más motivo. Lo que pasa es que a
mí me engañaron como a una tonta", afirma Isabel
Ruiz.
Isabel
recuerda perfectamente aquel 30 de marzo de 1992, cuando a las ocho
de la mañana sonó el teléfono y la llamó
la doctora para decirle que su hija se había escapado de la clínica
a la una de la madrugada: "Me puse como una loca" afirma
Isabel. "La doctora me decía que no me pusiera histérica,
pero ¿cómo no me iba a poner histérica si me estaban comunicando,
primero que mi hija había desaparecido, y segundo que habían
tardado siete horas en avisarme? ¿Por qué? Inmediatamente, mi
marido y yo nos fuimos a la clínica. Estábamos tan desquiciados
que nos costó una hora llegar. En cuanto llegamos, yo le dije
a él que fuera al cuartel de la Guardia Civil a poner una denuncia.
La doctora trató de convencernos de que no lo denunciáramos
porque si lo hacíamos la gente iba a empezar a hablar del caso.
Pero, ¿qué me importaba a mí que la gente hablara o no
del caso? Lo único que me importaba era que yo había dejado
a mi hija allí hacía veinticuatro horas, sana y salva,
y de repente me decían que había desaparecido, que se
había escapado. Pero yo me pregunto: ¿cómo se puede escapar
y saltar un muro de casi dos metros una chica que está sedada?
Que alguien me lo explique por favor".
"No
tengo ni ganas ni tiempo para nada".
Mientras
habla, Isabel fuma un pitillo tras otro. Es una mujer bastante entera.
En ningún momento de la entrevista se le han escapado las lágrimas.
Sólo un ligero temblor en las manos y las oscuras ojeras traicionan
su emoción. Además de Gloria, Álvaro e Isabel tienen
otra hija, María José, que en la actualidad tiene 19 años
y estudia ingeniería Química. En una estantería
del salón hay unas cuantas fotos de familia. María José
se parece cada vez más a su hermana. Le pedimos a Isabel una
foto de ella para publicarla, pero nos dice que no quiere que salgan
imágenes de su segunda hija ni en la prensa escrita ni en la
televisión. "Bastante tenemos con esta tragedia para
que encima empiecen a señalar a María José por
la calle. No, yo quiero que ella haga su vida normal con sus amigos
y que nadie le dé la lata".
-
Isabel, ¿qué piensas que ha podido pasar con tu hija?.
-
Si yo lo supiera... Han podido pasar tantas cosas que... ¿para qué
lo voy a decir en voz alta?.
Álvaro
Martínez, el marido de Isabel, es profesor de EGB y da clases
en un instituto por las mañanas, Isabel es ama de casa. "Cuando
pasó lo de Gloria estaba en un momento en el que podía
volver a trabajar porque mis hijas ya estaban criadas, pero ahora no
tengo ni ganas ni tiempo para hacer nada. Si el día tiene veinticuatro
horas, el mío parece que tiene cien. Debemos ir a multitud de
sitios y hacer cantidad de papeles para solucionar una tragedia que
parece insolucionable y, además, no me gusta dejar a María
José sola".
-
Esta situación, ¿no te estará haciendo que agobies un
poco tu otra hija?.
-
No. Yo dejo que María José haga su vida, pero no quiero
que esté sola en casa porque no quiero que nadie llame y le haga
preguntas que le puedan causar daño, ni quiero que vea la televisión
si sale algo de su hermana... Es sólo eso. Por lo demás,
María José hace una vida absolutamente normal, sale, entra
y trae a sus amigos a casa cuando quiere.
Isabel
que ha perdido la confianza en la Justicia y en los psiquiatras, afirma
que su tristeza no hay terapia que la cure. "El problema que
tengo no me lo puede solucionar un médico. De todas maneras,
yo soy muy cabezota y lo mismo que tengo el ánimo en los pies
lo tengo arriba".
-
¿Qué le pides a la Justicia?.
-
Que se mojen, que trabajen y que resuelvan el caso, que es su obligación.
Porque si las instituciones no las tenemos para estas ocasiones, ¿para
qué las queremos?.
Una
clínica de lujo donde sólo cobraban los médicos.
Después
de entrevistar a Isabel Ruiz nos dirigimos al pueblo de L’Alfas del
Pi, a unos tres o cuatro kilómetros de Benidorm. Se trata de
un bonito pueblo en el que están censados seis mil habitantes,
pero que en verano llega a tener doce mil. En lo alto del pueblo, a
unos dos kilómetros del casco urbano, se encuentra la finca en
donde estaba ubicada la clínica. Se trata de una preciosa torre
a la que están adosados unos pequeños bungalows que constituyen
las habitaciones de los pacientes. "Era una clínica de
lujo", nos explicaron en el pueblo, donde también nos
contaron que antes había sido "una casa de citas y posteriormente
un centro de nudismo". En la actualidad, parece ser que la
ha comprado una entidad bancaria de la Comunidad Valenciana. Por L’Alfas
del Pi corren todo tipo de rumores acerca del destino de Gloria. "Yo
no creo que esté viva", afirmaba un joven de 20 años.
"Esta mañana lo comentábamos en el trabajo y todos
coincidíamos en que o ha habido un error médico o la ha
pillado un desalmado. Pero después de cuatro años sin
saber nada de ella, ya me dirás".
Parece
ser que, poco antes de ingresar Gloria Martínez, la clínica
tenía una situación financiera poco clara. "Dicen
que allí se debía dinero hasta a la señora de la
limpieza y que los únicos que cobraban eran los médicos.
Y después, con toda esta historia, ya acabó de venirse
abajo".
El
caso es que nadie sabe nada acerca del paradero de Gloria Martínez,
una joven que tenía un brillante porvenir en los estudios, que
estaba haciendo la carrera de piano y que ahora tiene, o tendría,
22 años.
"DOSSIER"
RECORDÓ EL CASO.
El
pasado día 2, el equipo de "Dossier" quiso refrescar
la memoria de los telespectadores recordando el caso de Gloria Martínez
y denunciando la paralización de las investigaciones de la desaparición.
Álvaro Martínez, el padre de la muchacha, lamentó
las voces que afirman que Gloria se ha marchado por su propia voluntad
y que no tiene intención de volver. "No autorizo a nadie
a que hable por boca de mi hija", declara el padre de Gloria,
quien no niega que no le importaría que así fuera, pues
lo único que le angustia es no saber la suerte que ha corrido
la joven. Tanto él como su esposa, Isabel, reclaman un juicio
en el que se depuren las responsabilidades de la clínica de la
que desapareció Gloria Martínez.
Algunas
de las hipótesis apuntadas, como la posibilidad de que Gloria
hubiera quedado embarazada y hubiera huido por temor a sus padres, han
quedado desechadas al haberse cumplido más de cuatro años
desde su desaparición.
Antonio
Martínez Camacho, abogado de la familia, tiene muy claro que
en la versión que mantienen los responsables de la clínica
existen "contradicciones que demuestran que alguien está
mintiendo".
Los
padres de Gloria Martínez no desesperan y confían en que
algún día podrán saber qué le ocurrió
a su hija. Por ello, ante el estancamiento de las investigaciones, regularmente
procuran avivar el recuerdo de esta muchacha desaparecida en misteriosas
circunstancias.
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